“Projects: Done” de Candida Höfer, en el Centro Andaluz de Arte Contemporáneo, aquí en Sevilla.
Fotógrafa alemana (Eberwalde, 1944), exalumna de la escuela de Kunstakademie, donde Bernd y Hilla Becher imparten clase e influencian en la fotografía industrial a toda una generación.
Candida es una de ellas. Se especializa en fotografías de gran formato que muestran interiores vacíos y espacios sociales desolados como bancos y bibliotecas. Pone la nota de color a diferencia de sus precursores, que fotografían en blanco y negro.La muestra del CAAC reúne una serie de trabajos realizados por la fotógrafa entre 1968 y 2008 en un montaje diseñado por el estudio de arquitectura Kuehn Malvezzi donde han querido destacar la forma de mostrar las obras.
Utiliza la doble altura, pone marcos con fotos grandes unos sobre
otros en la pared, y coloca sus fotos de formato mediano en livianas
vitrinas blancas horizontales. Proyecta imágenes en diapositivas
antiguas y distribuye catálogos virtuales y de papel por las salas.
La
artista se ha implicado hasta el último momento en la exposición y
considera a los visitantes como parte del proyecto, que va ampliándose
conforme va viajando.
La luz y algunos químicos, permite plasmar imágenes. No os cuento nada nuevo. Es la magia de la luz. Pero no hablo de fotografía, aunque no está muy lejos. Se llama cianotipia.
Es un procedimiento que se usaba principalmente para reproducir dibujos y planos de arquitectura. El astrónomo inglés Sir John Herschel inventó este procedimiento en 1842. Es el mismo caballero que acuñó los términos positivos y negativos, fotografía e instantánea y descubrió el fijador de las sales de plata.
“De
la mezcla del citrato de hierro y el ferricianuro de potasio resulta
una solución acuosa fotosensible, que se utiliza para recubrir un
material (normalmente papel). Una imagen positiva se produce
exponiéndola a una fuente de luz ultravioleta (como la luz solar) con un
negativo. La luz ultravioleta reduce el hierro (III) a hierro (II). A
esto le sigue una reacción compleja del hierro (II) con ferricianuro. El
resultado es una sustancia insoluble al agua, de color azul cian
(ferricianuro férrico) conocido como azul Prusia o Turquesa.”
Wikipedia
Las
impresiones pueden hacerse con negativos de gran formato, película
litográfica, o por contacto de cualquier objeto cotidiano. Después se enjuaga el soporte para elimina las sustancias solubles y sólo
queda el colorante azul. Como si se tratara de una cámara estenopeica o
una ampliadora fotográfica.
Actualmente existe tela tratada con químicos que cambia de
color al exponerla al sol, dejando plasmadas siluetas y formas. Inspiración y estampados.
Ilustraciones de los libros de botanica de Anna Atkins, serie British Algae, de 1843.
En la escuela tuve que preparar un trabajo sobre arquitectura del siglo XX y XXI. Elegí la arquitectura orgánica.
La teoría
Para quien no lo conozca es aquella arquitectura que busca la armonía entre el ser humano y la naturaleza. Este movimiento deriva del funcionalismo o racionalismo (Libertad de planta, predominio de lo útil sobre lo ornamental, adelantos industriales…) considerándose promovido por arquitectos escandinavos de la década de los 30.
Preámbulo: “El concepto de la arquitectura orgánica nace de la observación a todo lo que posee vida y del deseo de entrar en armonía con esos patrones para producir la integración de nuestra vida en la naturaleza, aportándole con más belleza y armonía visual a lo que ya está construido por los árboles, montañas y ríos.”
Su propulsor, Frank Lloyd Wright, conocido arquitecto estadounidense, pionero en innovaciones en el campo del aire acondicionado, la iluminación indirecta, los paneles de calefacción y el uso de bloques de hormigón, que desarrolló un nuevo método de construcción resistente a terremotos. Sin duda una de sus obras más conocidas es la casa de la cascada, icono de la arquitectura orgánica, que creó en 1937 en Pennsvlvania.
Los espacios se generan de dentro hacia fuera, habiendo una gran unión entre el exterior y la naturaleza. Culmina la búsqueda de la máxima libertad mediante la armonía con el entorno a través del uso de materiales que envuelven el lugar como madera, rocas, ladrillo, incluso utiliza una roca natural del bosque para en ella cavar la chimenea.
Espacios que se abren a las demás estancias, gran transparencia visual. Para diferenciarlas sin necesidad de cerrarlas recurre a divisiones ligeras o bien techos a diferentes alturas. El mobiliario es de madera de formas sencillas pero siempre tiene en cuenta la funcionalidad. Contrasta colores naturales con otros tonos más vivos como el rojo y el amarillo. Se deja influenciar por lo oriental usando motivos ornamentales muy geométricos y lineales, apreciados en toda la carpintería. También diseñó el mobiliario de casi todas sus casas.
Esto es lo previo al minimalismo, teniendo en cuenta que ante todo nuestra casa debe ser práctica. La linea recta y las formas sencillas. La naturaleza integrada como recordándonos nuestro origen.
Contrastando con el origen tan “light” del organicismo apareció Javier Senosiain. Arquitecto mexicano considerado gran exponente que desarrolla una arquitectura acorde al entorno donde se establece. Él la llama “bioarquitectura”. Es el resultado de la búsqueda de crear espacios adaptados al hombre, semejantes al seno materno o a las mismas guaridas de los animales o cuevas primitivas que propician la armonía entre el hombre, la naturaleza y sus necesidades.
Los
edificios creados por Senosiain son asombrosos y desconcertantes.
Entrar en ellos requiere olvidar toda experiencia previa y la noción
cotidiana de habitación. Usa líneas curvas, mobiliario integrado en
vanos y estudia sobre todo como conservar el calor, aprovechar la luz
natural y ser eficientes con el espacio y la energía. Actualmente es
profesor de la Facultad de Arquitectura de la UNAM.
El diseño de interiores del siglo XX, de Anne Massey.
Es el libro que recomendó Pilar, mi profesora de historia de la arquitectura en la escuela para estudiar decoración. Estoy hoy recordando la historia y pensando en el por qué de las cosas.
El origen del Arts and Crafts y el estilo victoriano del siglo XIX
La Revolución Industrial del s XIX provocó en Inglaterra un aumento económico que a su vez activó la industrialización y urbanización de las ciudades. Este desarrollo del capitalismo hizo que las clases medias prosperaran y apareciese la burguesía.
Hasta ahí creo que nos suena de haberlo escuchado al menos una vez en el cole… bueno, a esta gente empezó a preocuparle el interior de sus casas. Eran modestas casas de tres pisos a las afueras de la cuidad. Pero querían aparentar, sin ni siquiera estar seguro de sus propios gustos porque hasta entonces decorar era cosa de ricos.
Aparecieron manuales que hablaban de protocolo y trato social, de materiales y de cómo decorar. Todo estaba establecido y la burguesía quería ponerse a la altura copiando a la clase alta. Pesadas cortinas y encajes en ventanas, alfombras estampadísimas, asientos tapizados y tallados, y multitud de objetos recargantes. Todo un decorado que diera sensación de suntuosidad, confort y riqueza.
Los muebles podían comprarse en los nuevos grandes almacenes o por correo en EE.UU. Se pusieron de moda los muelles que hacían que al levantarse del asiento éste volviera a su forma original. Todo perfecto: Todo fachada.
Augustus Puguin implantó el neogóticoque luego influyó en el movimiento Arts and Crafts. Destaca su decoración colorista, paredes y techos tallados con pinturas brillantes y dorados y decoración eclesiástica, cuadros y tallas, y mobiliario pesado.
John Ruskin, escritor de “The Times”, publicó artículos oponiéndose a la imitación de materiales y a la creación de un nuevo estilo. Atacó al estilo victoriano y a esa moda de recargarlo todo para aparentar lujo. El rechazo de Ruskin a los objetos producidos en masa influyó en una generación de diseñadores. Entre ellos estaba William Morris*, fundador del movimiento Arts and Crafts (artes y oficios) en 1880. Quería “convertir a los artistas en artesanos y a los artesanos en artistas”.
William Morris estudió teología y abandonó la iglesia para estudiar arquitectura. Luego estudio bellas artes pero abandonó la carrera. Se casó y finalmente se dedicó al diseño. Encargó su casa (la Red House) a Philip Webb, y entre éste y unos amigos la decoraron. Era una modesta casa de campo inglesa de ladrillos rojos con rasgos medievales. Muebles robustos y sencillos, de roble como las escaleras y las vigas. Vinculó el exterior de ladrillo con el interior con baldosas rojas de la entrada y la chimenea. Las cortinas las hizo él mismo, y Burne-Jones pintó los muebles.
“Estaba convencido de que el buen diseño solo podían producirlo hombres y mujeres que trabajaran creativamente con sus manos."
Así fundó “Morris, Marshall, Faulkner & Co.” en 1851, una empresa dedicada a diseñar y fabricar telas, muebles y alfombras. En 1875 se convirtió en “Morris & Co.” y siguió diseñando papel de pared y telas, teniendo numerosos e importantes encargos.
Más adelante aparecieron grupos de artesanos y artistas que querían vivir segun el ideal de W. Morris. Como el Gremio de los Trabajadores del Arte, fundado en 1884, de donde surgio Walter Crane (ilustrador) entre otros, y cuyo principio era promover la educación en todas las artes y oficios visuales. Otro de los arquitectos que formaban este grupo, W.R. Lethaby, creó la Escuela Central de Artes y Oficios de Londres en 1894, la primera escuela que tuvo talleres de artesanía para la enseñanza y que evolucionó hasta las escuelas de arte de hoy en día.
Es entonces cuando por primera vez se puso de moda amueblar interiores con antiguedades recuperadas (con lo que nos gusta ahora un vintage). "El punto clave del movimiento Arts and Crafts era que una silla, fuera del siglo XVII o del XIX, había de estar hecha manifiestamente a mano, con las juntas bien visibles. Mientras más claramente se expresara su construcción más honrada era la pieza []".